¿Cómo puede funcionar un robot?

Robots humanoides

En los escenarios de las conferencias y en los mítines de las campañas electorales, los ejecutivos de la tecnología y los políticos advierten de la inminente crisis de la automatización, en la que los trabajadores son sustituidos por máquinas inteligentes de forma gradual y luego de golpe. Pero sus advertencias ocultan el hecho de que la crisis de la automatización ya ha llegado. Los robots ya están aquí, trabajan en la administración y están triturando a los trabajadores.

Los robots vigilan a los empleados de los hoteles, diciéndoles qué habitación deben limpiar y controlando la rapidez con que lo hacen. Gestionan a los desarrolladores de software, controlando sus clics y desplazamientos y descontándoles el sueldo si trabajan con demasiada lentitud. Están escuchando a los trabajadores de los centros de llamadas, diciéndoles lo que tienen que decir, cómo tienen que decirlo y manteniéndolos constantemente ocupados al máximo. Mientras miramos el horizonte de los camiones autoconducidos, a los que les faltan cinco años, los robots llegaron en forma de supervisor, de capataz, de mando intermedio.

Estos sistemas automatizados pueden detectar ineficiencias que un gestor humano nunca detectaría: un momento de inactividad entre llamadas, un hábito de demorarse en la máquina de café después de terminar una tarea, una nueva ruta que, si todo sale a la perfección, podría conseguir entregar unos cuantos paquetes más en un día. Pero para los trabajadores, lo que para un algoritmo parecen ineficiencias eran sus últimas reservas de respiro y autonomía, y a medida que estos pequeños descansos y libertades menores se optimizan, sus trabajos se vuelven más intensos, estresantes y peligrosos. En los últimos meses, he hablado con más de 20 trabajadores de seis países. Para muchos de ellos, su mayor temor no es que los robots puedan llegar a ocupar sus puestos de trabajo: es que los robots ya se han convertido en su jefe.

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Qué es la robótica

Los robots actuales no se diseñan para quitarles el trabajo a los humanos. Por el contrario, se están desarrollando con el objetivo de asumir tareas mundanas que los humanos no deberían hacer. Este tipo de tareas, aunque importantes, pueden ser realizadas mejor por un robot que por una persona, liberando a ésta para que pueda hacer cosas más importantes.

Los humanos nos cansamos de la repetición después de cierto tiempo. Nuestra eficiencia y productividad comienzan a disminuir con el paso del tiempo. Y lo que es peor, la repetición a largo plazo puede provocar lesiones como el túnel carpiano, que pueden apartar a una persona del trabajo de forma permanente. Los robots no sufren este tipo de problemas. Son capaces de realizar tareas repetidamente sin que disminuya su productividad.

Un ejemplo perfecto de esta disciplina en el trabajo, son los robots utilizados por Amazon en sus almacenes de envío. Durante los intensos meses de vacaciones, estos robots trabajan sin descanso para trasladar las estanterías a los trabajadores para que puedan escanearlas.

Los robots son más precisos que los humanos por su propia naturaleza. Sin errores humanos, pueden realizar tareas de forma más eficiente y con un nivel de precisión constante. Tareas delicadas como rellenar recetas o elegir las dosis adecuadas son algo que ya hacen los robots.

Cómo funciona un brazo robótico

Según el informe “Los robots están listos para trabajar. ¿Está su empresa preparada para aprovecharlos? 2018” elaborado por Deloitte, casi el 40% de los directivos considera el aumento de la productividad como el principal objetivo de la implantación de la automatización robótica de los procesos empresariales. Otros beneficios derivados del uso de la robótica son la reducción de costes y riesgos, o la mejora de la calidad y la eficiencia general de las operaciones de oficina.

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Si no está seguro de si su empresa está preparada para la RPA y este proceso le parece complicado y largo, a continuación le mostraremos en cinco pasos cómo automatizar los procesos repetitivos de la organización gracias a la implantación de robots y hacerlo de forma sencilla y eficaz.

El segundo paso consiste en el análisis de cada proceso, en el que podemos indicar cuál es el área adecuada para ser automatizada. En esta fase involucramos a los empleados, que son los que mejor saben cuáles son sus tareas y qué problemas experimentan en su trabajo diario. Sus opiniones y pistas son relevantes porque, por ejemplo:

Tras el análisis inicial y la elección de los procesos prometedores que son aptos para la automatización, llega la fase de diseño e implementación de todas las ideas. En nuestro caso, esta tarea la llevan a cabo nuestros Robo-Pastores, que diseñan los primeros colaboradores digitales. Este proceso suele durar entre tres y seis semanas.

Evolución de los robots

La revolución de los robots está siempre, supuestamente, a la vuelta de la esquina. En la visión utópica, la tecnología emancipa el trabajo humano de las tareas repetitivas y mundanas, liberándonos para ser más productivos y realizar trabajos más satisfactorios. En la visión distópica, los robots vienen a por los puestos de trabajo de todo el mundo, dejan sin trabajo a millones y millones de personas y sumergen la economía en el caos.

Esta advertencia fue el eje de la malograda campaña presidencial de Andrew Yang, que ayudó a impulsar sus argumentos a favor de una renta básica universal que, según él, sería necesaria cuando la automatización dejara fuera a tantos trabajadores. Es el argumento que esgrimen muchos ejecutivos de empresas cada vez que se sugiere que podrían tener que aumentar los salarios: 15 dólares la hora sólo significaría que las máquinas tomarían tu pedido en McDonald’s en lugar de personas, dicen. Es una táctica eficaz para asustar a algunos trabajadores.

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Pero a menudo dedicamos tanto tiempo a hablar de la posibilidad de que los robots nos quiten el trabajo que no nos fijamos en cómo ya lo están cambiando, a veces para mejor, pero otras no. Las nuevas tecnologías pueden dar a las empresas herramientas para controlar, gestionar y motivar a sus trabajadores, a veces de forma perjudicial. Puede que la tecnología en sí no sea innatamente nefasta, pero facilita a las empresas mantener un control estricto sobre los trabajadores y exprimirlos y explotarlos para maximizar los beneficios.